Caza de huevos de Pascua

Estamos a un paso de celebrar la Pascua. En esta celebración se conmemora la resurrección de Jesucristo tres días después de haber sido crucificado. Para muchos cristianos son fechas muy importantes.

¿Pero que tiene que ver la Pascua con los huevos, conejitos o pollitos que podemos encontrar en casi todas las tiendas?

La comunidad cristiana ha incorporado con el paso del tiempo muchas costumbres paganas, entre ellas, la más popular es la de los huevos de Pascua. Muchas culturas antiguas vieron los huevos como un signo de la fertilidad y la nueva vida. Los cristianos relacionaron los huevos con la resurrección de Jesús.

En muchos países se desarrollaron diferentes tradiciones que se celebran durante la Semana Santa. Una de ellas es la caza de huevos de Pascua. La primera búsqueda de huevos se remonta al siglo XV. El hombre esconde los huevos para que las mujeres y los niños los encuentren. Se supone que el feliz acto de encontrar un huevo de Pascua nos recuerda a la alegría que las mujeres María Magdalena y María, madres de Jacobo y Salomé sintieron cuando llegaron a la tumba de Jesús y la encontraron vacía. El juego es muy popular en el Reino Unido y en EEUU. La tradición también cuenta que el conejo de Semana Santa esconde los huevos de Pascua durante la noche del domingo de Resurrección para que los niños los busquen al día siguiente.

Me pareció un juego muy divertido y decidí ponerlo en práctica con Helena. Compré una bolsa de huevos de chocolate y los escondí por toda la casa. Unos días antes hice para Helena un bolso con forma de conejo en donde guardaba los huevos mientras los iba encontrando.

El bolso de conejo lo hice a partir de 2 platos de plástico. Uno de los platos lo corté por la mitad. Después los uní con cola termofusible. En el plato entero pegué los ojos de plástico. La nariz la hice de papel de crespón y los bigotes de alambre limpiapipas. Las orejas son de fieltro de color rosa y papel de esponja de color blanco. Con un rotulador negro pinté la boca. En los laterales pegué una cinta negra y el interior del bolso lo recubrí con papel de crespón.

Helena con su nuevo bolso iba buscando los huevos de chocolate. La alegría al encontrar cada uno de los huevos era muy grande. Hemos pasado una mañana divertida y muy entretenida. Tuve que esconder los huevos varias veces y después Helena los escondía para que yo los encontrase. Lo recomiendo aunque no sea una tradición que se celebre en vuestro país.




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